LA FAMILIA

SI QUIERES UNA SOCIEDAD MEJOR ENTONCES FORTALECE A TU FAMILIA

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se caracteriza por su férrea defensa de la familia tradicional (padre, madre e hijos) y sus líderes afirman que los miembros que han contraído matrimonio en el templo tienen la tasa más baja de divorcios del país. El liderazgo no recibe remuneración por sus servicios y la iglesia afirma ser transversal, es decir, que no distingue ni etnias, ni clases sociales, ni profesiones; un obispo puede ser ejecutivo de una empresa o un simple labriego. 


¿Cuál es la función del esposo y de la esposa en la familia?

Ambos padres deben participar en el cuidado y la disciplina de los hijos. Es importante ponerse de acuerdo en cuanto a las metas familiares y estar dispuestos a trabajar con los hijos para lograrlas. Si los padres no están en armonía y no se respetan mutuamente, los hijos pueden llegar a confundirse y perder la confianza en los padres. Los padres deben estar unidos y estar íntimamente involucrados en la crianza de sus hijos.


Como lo enseñó el apóstol Pablo: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (1 Corintios 11:11). A la vista de Dios, en la relación del matrimonio los hombres y las mujeres son de igual importancia.
Por designio divino, el padre debe presidir la familia con amor y rectitud y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida a su familia y de proporcionarle protección. La madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro. 
Los hijos son una bendición maravillosa. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (Salmos 127:3).
No es fácil criar a un hijo; de hecho, es una de las responsabilidades más difíciles y exigentes de la vida, pero es de vital importancia, tanto para la sociedad como para el Señor, que seamos buenos padres.
Tanto la madre como el padre desempeñan una función necesaria e importante en la vida de los hijos. La labor de los padres en el hogar será más eficaz si sus prioridades son Dios, el cónyuge y los hijos.
En un hogar así, los hijos aprenden a amarse y a servirse mutuamente. Aprenden a guardar los mandamientos de Dios y a ser buenos ciudadanos. Tales hogares son una bendición para los hijos y para la sociedad.

¿Por qué es tan importante la familia?


Nuestra familia proporciona el ambiente para gran parte del progreso que experimentamos en la vida.
Es en nuestra familia donde amamos, prestamos servicio, enseñamos y aprendemos los unos de los otros. Compartimos nuestras alegrías y nuestros pesares. Los lazos familiares pueden representar desafíos difíciles, pero también nos brindan fortaleza y algunas de nuestras mayores alegrías.
Aunque no podemos escoger las condiciones de nuestro nacimiento, cada día podemos decidir que nuestra familia sea más fuerte y más feliz. Es posible que las personas regresen a vivir en la presencia de Dios y que las familias estén unidas por la eternidad.
Así como algunas de las alegrías más gratas proceden de las relaciones familiares, la pérdida de un familiar puede ser la fuente de nuestros pesares más profundos.
Pero la muerte no marca necesariamente el final de la relación con nuestros seres queridos. El Señor reveló al profeta José Smith que “la misma sociabilidad que existe entre nosotros aquí, existirá entre nosotros allá [en la eternidad]; pero la acompañará una gloria eterna” (Doctrina y Convenios 130:2).





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