¿De
dónde vengo y por qué?
Su
vida no comenzó al nacer y no concluirá al morir. Antes de venir a la tierra,
su espíritu vivía con nuestro Padre Celestial que le creó. Usted lo conocía, y
Él lo conocía y amaba a usted. Fue una época feliz en la que se le enseñó el
plan de felicidad de Dios y el sendero a la verdadera alegría. Pero así como la
mayoría de nosotros deja nuestra casa y a los padres al crecer, Dios sabía que
debíamos hacer lo mismo. Él sabía que usted no podría progresar a menos que se
fuera por un tiempo. Por lo que le ha permitido venir a la tierra a
experimentar la alegría, así como el dolor de un cuerpo físico.
Una
cosa que hace que esta vida a veces sea tan difícil es que estamos fuera de la
presencia física de Dios. No sólo eso, sino que no podemos recordar nuestra vida
preterrenal lo que significa que debemos actuar por fe en vez de lo que está a
la vista. Dios no dijo que sería fácil, pero nos prometió que Su Espíritu
estaría allí cuando lo necesitáramos. No estamos solos en nuestro camino, a
pesar de que a veces lo parece.
El
plan de Dios para usted
Eso
no significa que Él espera que usted sea perfecto, Él sabe que no lo será. Lo
que sí espera es que mientras esté aquí en la tierra trate de ser más semejante
a Él lo más que pueda, y que aprenda y progrese debido a sus errores. Cada vez
que tome una mala decisión con consecuencias dolorosas, esa decisión le llevará
a la infelicidad, a veces de inmediato, otras veces mucho más tarde. Del mismo
modo, elegir el bien, con el tiempo, conduce a la felicidad y le ayudará a ser
más como nuestro Padre Celestial.
El
secreto de la felicidad
Con
frecuencia caemos en la trampa de creer que un auto nuevo, un ascenso laboral,
un cambio de apariencia o la fama nos harán felices. Y a menudo es así, por un
tiempo. Pero no es duradero, simplemente porque ni las riquezas, ni el poder,
la belleza ni la fama brindan una felicidad perdurable, por mucho que
deseáramos que así fuera. Antes bien, la verdadera felicidad proviene de seguir
el ejemplo de Cristo y desarrollar atributos divinos, tales como la bondad, el
amor, la justicia y la misericordia. viene de servir a otros y ayudarles a
seguir el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo. Se logra al vencer los
apetitos de nuestro cuerpo físico, para seguir las impresiones del Espíritu. Se
obtiene al trabajar duro, tener un estilo de vida saludable, tener amigos,
familia y logros personales. Independientemente de lo que poseamos o no en esta
vida, la felicidad más profunda y duradera se logra al conocer y seguir el plan
de Dios.
El
Padre Celestial sabe que va a cometer errores en esta vida terrenal.
Sus
errores pueden ser tan simples como herir los sentimientos de su amigo o un
pecado mucho más grave. A veces ver el dolor que hemos causado y sentir el
sufrimiento que causa el remordimiento, la vergüenza y la culpa pueden ser
abrumadoras y devastadoras. Nos preguntamos si alguna vez podremos superar
nuestros errores y sentir la paz de ser perdonados. Sin duda podemos, gracias a
la expiación de Jesucristo y al proceso del arrepentimiento.
Sin
embargo, su angustia mental y espiritual fueron más allá de los dolores de la
cruz. El Salvador nos dice: “Porque he aquí, yo… he padecido estas cosas por
todos, para que no padezcan… así como yo” (Doctrina y Convenios 19:16–17).
Además
de pedir el perdón de Dios, Él también desea que pidamos perdón a las personas
que hemos lastimado, a ver si podemos reparar el daño, y que prometamos no
repetir los mismos errores. Entonces podemos avanzar sintiendo el amor de Dios
y la increíble paz y el gozo que vienen al ser completamente perdonados.
A
fin de que Su Expiación surta un efecto total en su vida, debe hacer lo
siguiente:
- Ejercer
fe en Él.
- Arrepentirse.
- Bautizarse.
- Recibir
el Espíritu Santo.
- Estar
dispuesto a seguir Sus enseñanzas por el resto de su vida y eso amigo(a) es el secreto de la felicidad, no es difícil así que lo invito a ponerlo en practica.

LA CARRERA POR LA VIDA
En todas partes, la gente anda apresurada. Los rápidos aviones modernos llevan su preciosa carga humana a través de anchos continentes y vastos océanos para asistir a reuniones de negocios, cumplir con obligaciones, disfrutar de vacaciones y visitar parientes. Por los caminos de todas partes, las carreteras, las autopistas y rutas, pasan millones de automóviles, ocupados por aún más millones de personas en lo que parece una corriente interminable y por innumerables razones al ir de acá para allá en los asuntos de cada día.
Hace
poco visité a una mujer que ha estado luchando con una enfermedad que ha puesto
su vida en peligro durante más de dos años. Ella indicó que, antes de su
enfermedad, sus días estaban ocupados con actividades tales como limpiar su
casa a la perfección y adornarla con hermosos muebles. Iba a la peluquería dos
veces por semana y gastaba dinero y tiempo comprando ropa para su armario todos
los meses. A sus nietos los invitaba ocasionalmente, puesto que siempre le
preocupaba que lo que ella consideraba sus preciadas posesiones podrían
romperse o arruinarse por pequeñas y descuidadas manitas.
Entonces,
recibió la impactante noticia de que su vida terrenal estaba en peligro y que
le quedaría un tiempo muy limitado aquí. Ella dijo que, en el momento que
escuchó el diagnóstico del médico, inmediatamente supo que pasaría el tiempo
que le quedaba con su familia y amigos, y con el Evangelio como la parte
central de su vida, porque estos representaban lo que era más valioso para
ella.
Esos
momentos de claridad nos llegan tarde o temprano, aunque no siempre mediante
tan dramáticas circunstancias. Vemos claramente lo que realmente importa en
nuestra vida y cómo debemos vivir.
Dijo
el Salvador:
“No
os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde
ladrones minan y hurtan;
“sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde
ladrones no minan ni hurtan:
“Porque
donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”1.
En
nuestros momentos de profunda reflexión o de gran necesidad, el alma del hombre
se dirige hacia el cielo buscando una respuesta divina a las preguntas más
importantes de la vida: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde vamos
después de dejar esta vida?.
Las
respuestas a estas preguntas no se descubren entre las tapas de los libros de
texto académicos o buscando en internet. Esas preguntas trascienden la vida
mortal; abarcan la eternidad.
Como
resultado de la victoria de Cristo sobre la tumba, todos resucitaremos. Esta es
la redención del alma. Pablo escribió: “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos
terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de
los terrestres”15.
Lo
que procuramos es la gloria celestial. Es en la presencia de Dios donde
deseamos morar. Es una familia eterna a la cual deseamos pertenecer. Tales
bendiciones se deben obtener mediante toda una vida de esfuerzo, de búsqueda,
de arrepentimiento y, finalmente, de éxito.
¿De
dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde vamos después de esta vida? Estas
preguntas universales ya no tienen necesidad de permanecer sin respuesta. Desde
lo más profundo de mi alma y con toda humildad, testifico que esas cosas de las
que he hablado son verdaderas.
Nuestro Padre
Celestial se regocija por quienes obedecen Sus mandamientos. Él se preocupa
también por el niño perdido, el adolescente al que le cuesta obedecer, el joven
descarriado, el padre negligente. Con ternura, el Maestro les habla a ellos y,
ciertamente a todos, diciendo: “Regresen. Suban. Entren. Vuelvan a casa. Vengan
a mí”.Pdte. Thomas S. Monson
Mensajes para las parejas, véanlo :
CUALQUIER CONSULTA O PREGUNTA ESTAMOS DISPUESTOS A RESPONDER
ESTAN EXCELENTES LOS MENSAJES
ResponderEliminardonde encuentro mas libros de esos mensajes.
ResponderEliminarsigue poniendo mas mensajes
ResponderEliminarGRACIAS POR SUS COMENTARIOS ,,LO HARE
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